En el 2018, comencé mi camino en un hotel boutique de estilo francés, un entorno único con una marcada influencia del Feng Shui. La búsqueda estaba orientada a recepcionistas con dominio de francés y, tras haber estudiado el idioma durante ocho años (alcanzando un nivel B2), no dudé en aceptar el desafío. Fue, además, un salto definitivo hacia el ámbito profesional formal.
Aunque no contaba con experiencia previa en hotelería, descubrí rápidamente que la atención al cliente es mi verdadera vocación. Comencé desempeñando funciones básicas de recepción, conserjería y gestión de bar (pueden conocer más sobre mi pasión por el mundo del café en mi blog).
Al ser un hotel pequeño de 11 habitaciones, la dinámica era cercana y ágil. Esto me permitió no solo aprender el oficio desde adentro, sino también proponer mejoras en los procesos operativos; algunas fueron implementadas con éxito, enriqueciendo la experiencia del húesped. Mi etapa en este hotel se consolidó hasta el 2020 cuando, por fuerza mayor, el establecimiento cerró temporalmente. La confianza de mis supervisores en mi desempeño fue total, garantizando mi continuidad al retomar las actividades tras el cierre.